Chiandoni, una nevería con sabor y tradición

Este establecimiento cuenta con más de 70 años de historia donde han participado desde estrellas de televisión hasta grupos de música pop.

La barra de esta nevería ha sido escenario de videoclips de Kabbah y Alejandra Guzmán. Cientos de estrellas de cine y televisión como Chabelo, que antes de ir a la Plaza México pasaba a comprar un helado, y la madre de Vicente Fox han disfrutado de sus clásicos.

Y es que en 70 años de existencia, la nevería Chiandoni se ha cimentado como una importante tradición de la Ciudad de México, desde que fuera inaugurada en 1939 cuando un imigrante italiano llegó al país huyendo de los horrores de la guerra.

El ex boxeador Pietro Chiandoni, que fue descubierto en una pelea de barrio por el pugilista Jack O’Brien, llegó desde su natal Udine para adquirir los terrenos que se convertirían en el local de la colonia Nápoles y continuar con el negocio de su familia de hacer “gelatos”.

Preocupado por la calidad de sus productos, Chiandoni se encargó de que todos los productos de su nevería fueran hechos con una crema especial que hace a los productos una experiencia diferente para el paladar. Actualmente, leche Alpura surte a la heladería de una crema líquida más ligera de lo normal para garantizar la calidad del helado.

Uno de los detalles más importantes del negocio es que todos los helados son hechos a mano, por lo que, a pesar de tener ofertas, los actuales dueños, Carmen Monroy y Juan Antonio Juárez, no han querido expandir el negocio. Por ejemplo, aunque hace seis años abrieron una sucursal en Tlalpan, todos los productos se siguen elaborando en la Nápoles.

Una de las características del local es que conserva su decoración original y cubiertos con el estilo de los años 50, lo que le da a la nevería un aire italiano muy retro. El menú cuenta con más de 30 sabores de helados hechos con la más pura receta italiana.

De cualquier forma, Chiandoni es un lugar ideal para pasar una tarde en compañía de los amigos o la familia, ya que su estilo retro está de moda y servirá como un gran tema de conversación con los miembros más venerables del hogar.

En el menú hay diversos productos, todos obligados para el paladar conocedor, pero su especial es el helado de vainilla con hot fudge, y si quieres probar auténticas delicias italianas, los espumonis son la opción a considerar.

La carta maneja bananas split, malteadas, flotantes, peach melvas, capuchinos, lattes y tés a precios muy accesibles, desde 20 pesos por un helado simple.

Fuente: Altonivel

La nieve de don Pietro

Carta de Esmógico City
José de la Colina

Cuando en una tarde del tórrido agosto de 1957 un amigo y yo paseábamos por la colonia Nápoles componiendo oralmente enrevesados sonetos y descubrimos que nos fallaban los endecasílabos porque las bocas sedientas se resistían a emitir las sílabas, decidimos refrescarnos en una nevería de la calle de Pensylvania, un bonito local con murales de agrandados grabados de Venecia del XVIII en sus paredes. Y allí nos sentamos, vimos la lista de nieves, y pedimos sendas copas con dos bolitas de la de limón...

Entonces descubrimos la nieve de limón más pura, más blanca, más refrescante de las muchas que desde niños habíamos tomado, y, queriendo saber quién era el extraordinario artífice de aquella obra maestra representada por dos semiesferas de nieve que semejaban blancos senos femeninos dignos de ser cantados en una serie de sonetos menos torpes que los nuestros (sonetorvos los llamábamos), preguntamos a la señorita mesera cómo se llamaba el establecimiento, y nos dijo que era la nevería Chiandoni y que hacía apenas unos meses, en enero de ese mismo año, había sido inaugurada por el señor don Pietro Chiandoni, allí presente y señalado con un gesto de cabeza por la mesera: un robusto italiano que en los años veinte había llegado a México casi con una mano delante y otra detrás y primero se había dedicado durante años a la lucha libre profesional (como podíamos ver en los cuadritos de recortes de periódicos y programas de “arenas” colgados en una de las paredes) y, luego, dejando esa ruda profesión, se había puesto a producir, inventar, afinar, expender helados que seguían y renovaban la espléndida tradición italiana de los gelatti y la acrecentaban añadiendo a la lista nuevos sabores tomados de la espléndida frutería mexicana o ideados por su genio de heladero.

Y ese día de hace cincuenta años y unos meses en que descubrí la más sublime nieve de limón del mundo (Italia incluida) fue para mí una fecha digna de grabarse en mármoles, o más bien en ese mármol fugaz que es la nieve de limón. Por eso quiero celebrar aquí ese descubrimiento o verdadero invento de don Pietro, de quien hace hace poco supe que, ya muy viejo pero aún muy derechito y de buena pinta, había terminado sus venturosos días terrenales tras haber retornado a su tierra natal, a la cual quizá aportó el gelato de limón en mexicano y chiandonesco estilo.

Fuente: Milenio

Tradición y sabor

Martín Montero / El Universal
Viernes 16 de marzo de 2007

En la ciudad de México el calor se acentúa cada vez más, y aunque hay lluvias esporádicas, no son un factor para ahuyentar a la fiel y nueva clientela de Chiandoni, una de las heladerías más tradicionales del país. Fundada en 1939 por Pietro Chiandoni, inmigrante italiano que llegó a México a los 14 años, en firma de su tía, Carmen Monroy -actual dueña del negocio- narra que El Jefe (como le decía a Pietro) y su familia vivían en la pobreza, "eran muchos y no había de comer".

Antes de la fundación de la heladería, Chiandoni trabajó como barrendero y cocinero, además de ser boxeador y luchador. "Cuando se inauguró, él y su esposa trabajaron toda la noche haciendo el helado, al otro día estaba lleno y se acabó, vino mucha gente", comenta Monroy.

Chiandoni conserva el ambiente de los 50, "de las viejas estrellas de rock" y la decoración italiana absorbe por igual a niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Para la fábrica de sabor fundada por Chiandoni, sus 68 años de vida son la prueba fehaciente de la calidad y éxito. "Aquí se cuidan todos los detalles, desde la compra de la materia prima hasta cómo se le sirve a nuestros clientes", afirma Luis Antonio Juárez, copropietario del negocio.

Con más de 30 sabores, todos los helados son hechos con la receta italiana que El Jefe trajo consigo.

Cuando se les pregunta por qué no han ampliado su negocio, los propietarios comentan que es algo que se debe tratar con mucho cuidado, por lo cual se están asesorando. "Ha venido gente para que les franquiciemos o pongan dinero", dice Carmen. Y la secunda Juan Antonio: "Es muy difícil, porque como el helado lo hacemos nosotros y una sola persona, pues sí es un poquito complicado".

No obstante, hace tres años inauguraron una sucursal en la delegación Tlalpan, pero el helado que ahí se vende sale de la tienda ubicada en la colonia Nápoles.

Carmen Monroy y Juan Antonio Juárez comparten la propiedad de Chiandoni. Ella originalmente trabajó como ama de llaves en la casa del fundador, a donde llegó con sus dos hijos. "Como terminaba temprano, me decía que bajara (la casa se encuentra en la planta alta del establecimiento) para que aprendiera", recuerda.

Por su trato a la clientela y atención en la elaboración del helado, Chiandoni la dejó como encargada desde entonces.

Juan Antonio tenía 17 años cuando empezó a trabajar en la heladería, la cual conoció por los hijos de doña Carmen. "Yo venía a ayudarlos para que pudieran salir", afirma.

Don Pietro lo tomó bajo su tutela y le enseñó el secreto del helado italiano; así fue como se convirtió en el único que podía hacerlo; "era una buena persona, pero cuando se trataba de trabajar, a trabajar; era muy exigente", comenta.

Debido a la exigencia de Chiandoni para su aprendiz, la calidad no se perdió.

"Nosotros sabemos cómo hacerlo, y no vendemos algo si no está bien hecho", afirman categóricamente los propietarios desde la muerte de su mecenas, en 2003.

Fuente: El Universal

 
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